lunes, 27 de julio de 2009

lunes, 20 de julio de 2009

El Cielo.

Un hombre, su caballo y su perro iban por una carretera. Cuando pasaban cerca de un árbol enorme cayó un rayo y los tres murieron fulminados. Pero el hombre no se dio cuenta de que ya había abandonado este mundo, y prosiguió su camino con sus dos animales…
La carretera era muy larga y colina arriba. El sol era muy intenso, y ellos estaban sudados y sedientos.
En una curva del camino vieron un magnífico portal de mármol, que conducía a una plaza pavimentada con adoquines de oro. El caminante se dirigió a un hombre que custodiaba la entrada y entabló con él, el siguiente diálogo:
- Buenos días.
- Buenos días - Respondió el guardián.
- ¿Cómo se llama este lugar tan bonito?
- Esto es el Cielo.
- ¡Qué bien que hayamos llegado al cielo, porque estamos sedientos!
- Usted puede entrar y beber tanta agua comoquiera.Y el guardián señaló la fuente.
- Pero mi caballo y mi perro también tienen sed…
- Lo siento mucho - Dijo el guardián- pero aquí no se permite la entrada a los animales.

El hombre se levantó con gran disgusto, puesto que tenía muchísima sed, pero no pensaba beber solo. Dio las gracias al guardián y siguió adelante.
Después de caminar un buen rato cuesta arriba, ya exhaustos los tres, llegaron a otro sitio, cuya entrada estaba marcada por una puertecita vieja que daba a un camino de tierra rodeado de árboles.
A la sombra de uno de los árboles había un hombre echado, con la cabeza cubierta por un sombrero. Posiblemente dormía.
Buenos días - dijo el caminante.
El hombre respondió con un gesto de la cabeza.
- Tenemos mucha sed, yo, mi caballo y mi perro.
- Hay una fuente entre aquellas rocas - dijo el hombre, indicando el lugar. - Podéis beber tanta agua como queráis.
El hombre, el caballo y el perro fueron a la fuente y calmaron su sed. El caminante volvió atrás para dar las gracias al hombre.
- Podéis volver siempre que queráis - Le respondió éste.
- A propósito ¿Cómo se llama este lugar?
- preguntó el hombre.
- EL CIELO.
- ¿El Cielo? ¿Sí? Pero si el guardián del portal de mármol me ha dicho que aquello era el Cielo!
- Aquello no era el Cielo, era el Infierno - contestó el guardián.

El caminante quedó perplejo.
- ¡Deberíais prohibir que utilicen vuestro nombre! ¡Esta información falsa debe provocar grandes confusiones! - advirtió el hombre.
- ¡De ninguna manera! En realidad, nos hacen un gran favor, porque allí se quedan todos los que son capaces de abandonar a sus mejores amigos…


Paulo Coelho

lunes, 13 de julio de 2009

Adivinanza Azúl

En los intentos de las adivinanzas, me pierdo en el sentido de la ilógica.
En los laberintos de una sola puerta, un incontrolable salto por el ventanal.
De la sinceridad en su plenitud extrema, a los excesos de posibles verdades.
De encaminarme a un dolor de muelas. Antiflamatorio, besos y vino.

De los descensos en escaleras mecánicas, a los ascensos de alas compartidas.
De un negro, azabache, muy profundo. A un amarillo, cristal y alma suelta.
Anteanoche, anterior, antitesis. Pasado, presente, futuro. Ante todo. Ante todos.

Tan azul como sombra en el hielo.
Tan Beatle.
Instinto, tango y yerba sin palo.

La coherencia de unas líneas incoherentes.
De una cabeza fresca y pertinente.
De comprobar que la verdad no es absoluta. Distante.
Cambiante.

Qué se yo que carajo digo.
Qué se yo que carajo escribo.
Ya no se, ni lo que siento.
Ni lo que pienso, ni lo que aniquilo.

O capaz sepa todo, y éste sea el camino.
El de la risa perfecta, expresada en tus labios.
Y los siete colores, de tu ombligo.

En los intentos de las adivinanzas, me pierdo.
O quizás no, quizás en la verdad que duele, esta el camino.